Por: Adriana Lucía Vargas Peñuela
Coordinadora de programas especiales
Desde tiempos remotos, el juego ha sido una de las formas más naturales y poderosas de aprendizaje. Mucho antes de que existieran las aulas, los libros o los sistemas educativos formales, los niños ya exploraban el mundo jugando: imitaban a los adultos, experimentaban con su entorno y construían relaciones en escenarios espontáneos. Por eso, el juego ha acompañado a la humanidad como una herramienta esencial para el desarrollo físico, cognitivo y emocional.
Durante la primera infancia, una etapa crucial en la que el cerebro se desarrolla con mayor rapidez, el juego estimula la creación de conexiones neuronales fundamentales. No se trata únicamente de entretenimiento; es una experiencia que potencia la creatividad, la resolución de problemas, el lenguaje, la coordinación motriz y la capacidad de gestionar emociones.
En ese sentido, el juego también cumple una función social determinante; es el primer escenario donde los niños aprenden a convivir, a respetar reglas, a negociar, a perder y a ganar. Allí descubren cómo expresar lo que sienten y cómo comprender a los demás. En una época en que los desafíos emocionales aparecen cada vez más temprano, el juego se posiciona como una herramienta clave para formar seres humanos más seguros, empáticos y resilientes.
En Colombia, esta visión ha sido impulsada por instituciones comprometidas con el bienestar social, entre ellas la Caja de Compensación Familiar Comfenalco Santander, que, por medio de los aportes parafiscales, canaliza recursos hacia programas en educación, recreación, vivienda, cultura y bienestar. Su propósito es contribuir al mejoramiento de la calidad de vida, especialmente de las poblaciones más vulnerables, mediante iniciativas que trascienden la asistencia y promueven el desarrollo integral.
En Santander, este compromiso se ha traducido en programas que han marcado la diferencia en la vida de miles de familias; uno de ellos es el Programa Jugando, que en 2026 celebra una década de trabajo continuo por la primera infancia.
Su origen se remonta al mes de mayo de 2016, en un contexto de transformación institucional. Ese año, la Caja enfrentó el cierre del Programa Benjamín, dirigido a población en condición de discapacidad y con una atención aproximada de 150 beneficiarios, en su mayoría mayores de 6 años. Cambios en la normativa limitaron la posibilidad de continuar financiando este tipo de atención para ese grupo etario, lo que representó un momento difícil, tanto para la institución como para las familias beneficiarias.
Sin embargo, de ese cierre surgió una nueva oportunidad. El Programa Jugando nació con el propósito de seguir impactando a la niñez santandereana, enfocándose en la primera infancia y reconociendo el juego como eje central del desarrollo.
En sus inicios, el programa estructuró su intervención a partir de cuatro líneas de juego: tradicionales, simbólicos, de habilidades motrices y de habilidades sensoriales, y por medio de estas líneas se buscó estimular de manera integral las diferentes dimensiones del desarrollo infantil, combinando el aprendizaje con la diversión y el descubrimiento.
Con el paso del tiempo, el programa no solo creció en cobertura, sino que también fortaleció su modelo de atención. En sus primeros años, la intervención se desarrolló principalmente en hogares comunitarios, hasta llegar directamente a los entornos cotidianos de los niños y sentar las bases de su metodología.
Posteriormente, y en articulación con otras entidades, se amplió la atención hacia los Centros de Desarrollo Infantil, en convenio con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Este avance permitió integrar el componente lúdico en procesos pedagógicos más estructurados, y beneficiar a un mayor número de niños en diferentes municipios.
Recientemente, el programa ha extendido su cobertura a los grados preescolares de instituciones educativas ubicadas en sectores vulnerables de la región, acompañando a los niños en una etapa clave de transición hacia la educación formal y fortaleciendo sus habilidades por medio del juego.
Gracias a esta evolución, el Programa Jugando ha logrado llegar a 18 municipios de Santander a lo largo de estos 10 años, y ha consolidado una presencia significativa en el territorio adaptándose a diversas realidades sociales. Así mismo, en el año 2019, el programa recibió el premio por parte de la corporación de Juego y Niñez como la mejor práctica del país en atención integral a la primera infancia, premio que impulsó a seguir beneficiando a más niños, cuyo resultado ha sido un aumento significativo de 2.200 beneficiarios en 2016 y haber alcanzado una década después una cobertura de 41.000 niños atendidos, reflejo de un crecimiento sostenido y del compromiso institucional.
Como parte de su evolución, el programa ha fortalecido su componente formativo, reconociendo que el desarrollo infantil también depende de los adultos que acompañan estos procesos. En este sentido, se han implementado capacitaciones dirigidas a agentes educativas, que cumplen un papel fundamental en la atención a la primera infancia.
Estas formaciones cuentan con certificación de la Fundación Universitaria Comfenalco Santander, UNC, lo que representa un valor agregado importante: no solo se fortalecen sus habilidades pedagógicas, sino que también se dignifica su labor y se promueve su cualificación.
De igual manera, las familias han sido vinculadas como actores clave. Por medio de espacios formativos liderados por los facilitadores del programa, madres, padres y cuidadores reciben orientación en temas como crianza positiva, manejo de emociones y comunicación asertiva. Este enfoque permite que el impacto del programa trascienda y se refleje también en el entorno familiar.
Así, el Programa Jugando no solo transforma la experiencia de los niños, sino que fortalece a toda la comunidad que los rodea y genera un trabajo conjunto entre educadores, familias e instituciones.
En línea con su proceso de innovación, en 2026, el programa incorpora una nueva línea de atención enfocada en la atención plena. Esta iniciativa promueve prácticas como la respiración consciente, el reconocimiento emocional y la autorregulación, habilidades fundamentales para la vida.
En un contexto con problemas como el acoso escolar, la ansiedad y la depresión, que afectan cada vez más a la niñez, fortalecer estas competencias desde edades tempranas se convierte en una apuesta necesaria. La atención plena se integra de manera natural al juego y enriquece la experiencia formativa de los niños.
A diez años de su creación, el Programa Jugando es un claro ejemplo de cómo el juego puede convertirse en una herramienta de transformación social. También refleja el compromiso de las cajas de compensación con el desarrollo de las comunidades y la cimentación de un futuro más equitativo.
Su historia demuestra que, incluso en los momentos difíciles, pueden surgir nuevas oportunidades, y que apostar por la infancia es, sin duda, apostar por el futuro.
Hoy, al conmemorar esta década, el Programa Jugando reafirma sus propósitos: seguir llevando el juego a cada rincón de Santander, acompañar a miles de niños en sus primeros años de vida y contribuir a la formación de una sociedad más humana, consciente y solidaria.